Nombres insólitos son sólo una parte del maltrato, pues la mayoría de sus cédulas de identidad concluyen con un "manifiesta no saber firmar" ya que, muchos funcionarios no se molestaban en preguntarles si sabían escribir.
Nombres insólitos son sólo una parte del maltrato, pues la mayoría de sus cédulas de identidad concluyen con un "manifiesta no saber firmar" ya que, muchos funcionarios no se molestaban en preguntarles si sabían escribir.
Fuente: EFE
Mariguana o Gorila son algunos de los nombres que funcionarios colombianos pusieron a miles de indígenas a modo de burla, cuando tramitaron sus cédulas de identidad presionados por políticos locales para obtener sus votos a cambio de falsas promesas.
"Cuando los registradores les preguntaban en español a los indígenas qué nombre querían, ellos lógicamente no entendían y se quedaban callados, entonces lo que hacían era que les imponían un nombre" como Payaso, Bolsillo o Tarzán, aseguró Priscila Padilla, directora del documental "Nacimos el 31 de diciembre".
Padilla relata en la cinta algunas injusticias que sufrieron los indígenas wayúu, un pueblo conformado por unas 300 mil personas dispersas en un extenso territorio que ocupa parte de Colombia y Venezuela, en la península caribeña de La Guajira.
Pero los nombres insólitos son sólo una parte del maltrato, pues la mayoría de cédulas wayúu concluyen con un "manifiesta no saber firmar" ya que, muchos funcionarios no se molestaban en preguntarles si sabían escribir.
Los nombres insólitos se asignaron sobre todo entre las décadas de los 60 y 90, principalmente en época de elecciones, cuando los políticos locales registraban en masa a indígenas para obtener su voto a cambio de bolsas de comida y falsas promesas, como hospitales o escuelas. Por lo general los wayúu guardan la cédula para época de elecciones porque a cambio del voto les dan una despensa o les prometen un techo.
Aunque la compra de votos continúa siendo habitual en Colombia, el número de cédulas comenzó a disminuir a comienzos del siglo XXI, gracias a la alfabetización y mayor conocimiento del proceso de registro por parte de los aborígenes, que ahora tienden a anotar el día que nacen sus hijos y estampan su firma.