Los altares a los fieles difuntos destacan por su creatividad. Foto: OEM-Informex
Ricardo Olivares Garciafigueroa / OEM-Informex
Mixquic, ubicado en la delegación Tláhuac, se prepara para recibir a sus muertos y conmemorar a las ánimas que ya no están con nosotros en este mundo terrenal; sin embargo, según la tradición, este 1 y 2 de noviembre todos aquellos que se nos adelantaron, tendrán la oportunidad de convivir y compartir momentos especiales con sus deudos durante estas dos noches.
La gente, en su mayoría acongojada por la pérdida del ser querido, se alista para ofrendar a la ánimas benditas (los muertos que se recuerdan y que continúan viviendo pero de otra forma) este acto de conmemoración que revive a los muertos, existiendo, dicen algunos, la posibilidad de estar nuevamente en compañía de los seres que se amaron y que de alguna manera siguen en la memoria. En la intimidad de nuestros hogares, ante la ofrenda, se reviven momentos llenos de amor, de intensidad; hay tantos sentimientos plagados de metáforas que trascienden en el tiempo e inquietan a la razón.
Es este mundo imaginario y simbólico que proporciona a los espíritus benditos el derecho a la existencia, el regocijo de las sensaciones más sinceras y profundas, el gozo de estar una vez más con los seres queridos despierta la emoción, aunque sea solo por una noche. Los vivos adjudican derechos a los muertos, después, éstos alientan veneración y respeto a cambio de mediación y protección.
En este universo imaginario y de la sinrazón, el afecto del ofrendador es dado y expresado con devoción a través de un altar, decorado con diferentes elementos llenos de significados, todos ellos con una gran fuerza de expresión que inciden en la constitución de una conciencia colectiva de los que ofrendan.
Hay que recordar que Mixquic fue edificado sobre lo que era un islote, de hecho todavía se pueden observar algunas construcciones hechas de madera
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